sábado, 30 de junio de 2007

SIESTAS DE NEGRO SATÁN

Hoy he despertado de una siesta tardía, con la sensación de frenetismo en la punta de legua, con sabor a corcho en el paladar, y con frío en la punta de la nariz. Todos sabéis que esto significa que en algún momento del sueño, probablemente cerca ya del final, he vivido una situación de pánico sin fronteras ("without borders panic atak" -como dicen los ingleses) que me ha llevado a un aturdimiento cercano al sinsentido. Hasta aquí todo normal -diréis algunos; quizá los más aztecas-, pero aquí no acabó todo, no. Si aquí hubiera terminado quizá yo ahora sería otro tipo de hombre, posiblemente más feliz o más dado al tinto-de-verano. Pero la cosa siguió, y quizá de una manera que no era la que yo hubiera preferido si me hubieran permitido elegir. Al abrir los ojos -tras esa bizantina siesta- noté algo a los pies de mi cama. Y ese algo, que se sentaba tan ricamente a los pies de mi cama, no era otro que el mismísimo satán, que vestía enteramente en negro, como el cura Resertorio, aquel que atravesaba el pueblo arrastrando un ataud lleno de golosinas para obsequiar a sus más pequeños feligreses. Al verme extrañado, compungido, incluso atolondrado, me calmó: tranquilo Pecador, no te alteres, sólo traigo un "recao" para ti.
"Despertar así, no es despertar bien" -dije yo-. "Lo sé -dijo satán, con esa voz tan característica suya, que se da a llamar demoníaca- pero no encontré mejor manera, que si no vengo ahora, luego la tarde se me echa encima y la hemos liado".
Y así dejo el recado, justo antes de irse, veloz, sobre unos patines, que daba primor el verlo : "Anda y que te jodan si no haces las cosas que tienes que hacer, holgazán", y después, antes de llegar a la curva que hace el pasillo, frenando un poquito con las ruedas y dejando marcado el parquet, dijo: "Ten cuidado esta noche; recuerda que el hombre es el único animal que bebe sin sed. eah".

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